Consensuar actividades recreativas en la familia es fundamental para disfrutar de tiempos de calidad.

Las exigencias del mundo laboral o las limitaciones económicas a veces condicionan la posibilidad de tomarse vacaciones en invierno. La imposibilidad de desplazarse a sitios turísticos puede causar ansiedad, malestar en los hijos y en los padres pues existe una cierto mandato social que promueve la organización de actividades turísticas en esta época del año. Sin embargo si no se pueden programar vacaciones fuera del hogar, si se pueden crear espacios para el bienestar, rompiendo rutinas y eligiendo actividades familiares para compartir el tiempo libre.

La influencia de los medios de comunicación que permanentemente publicitan lugares paradisíacos y viajes a sitios turísticos soñados como Bariloche, Villa La Angostura, Puerto Madryn o Ushuaia, puede incrementar los niveles de estrés y ansiedad, al no poder acceder a estas propuestas de recreación y esparcimiento.  La sensación o la imposibilidad de concretar ciertas salidas suele causar frustración, enojos, ansiedad y angustia, explican desde Asociación de Medicina del Estrés y Psicoinmunoneuroendocrinología (AmePine).

Sin embargo es saludable encontrar o generar espacios para disminuir la intensidad de las actividades laborales y trabajar a un ritmo más relajado debido a que hay menos exigencias por la época del año. “Se pueden aprovechar las vacaciones de los demás y bajar el ritmo de trabajo en función de que otros compañeros o clientes están ausentes y la agenda no es tan apretada”, propone el psicólogo Miguel Espeche, especialista en vínculos y Coordinador General del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano.

“Es una excelente oportunidad para cultivar relaciones afectivas tanto con la pareja, con los hijos, familiares y amigos. Y también para darnos tiempo para estar con nosotros mismos y aprender a comunicar lo que sentimos, siendo trasparentes, evitando el auto engaño y escuchando al otro”, propone Pablo Cólica, especialista en estrés. Consensuar y negociar actividades recreativas y deportivas con familia y amigos evitando la confrontación o la búsqueda caprichosa del propio deseo, es fundamental para lograr armonía y un buen clima.
Existen distintos tipos de situaciones, por una parte hay personas que no salen de vacaciones porque proyectó gastar su dinero en otra cosa. “Pero si el condicionamiento es económico la molestia puede ser profunda porque hay un mandato social que indica que hay que viajar”, distinguen los especialistas.  Una sugerencia es encontrarse con otra gente, no sentirse solo en esta situación. Si no hay parejas, familia ni amigos y el malestar es profundo, es recomendable buscar ayuda profesional.

Los especialistas además insisten en que lo más recomendable es compartir tiempo de calidad con sus hijos. “Es esto lo que genera disfrute en los chicos”, agrega la psicóloga Alejandra Bertolez de la Facultad de Psicología de la UNC. Hay muchos programas posibles como salir a caminar, andar en bicicleta, pasear por las sierras, salir de compras, ir a dormir o almorzar en la casa de los abuelos o tíos, así como organizar salidas a museos, teatros y otros tipo de eventos culturales.

Creatividad en vacaciones.

-Generar y disfrutar tiempos de encuentro de calidad con los hijos, la pareja y los amigos.

-Poner límites al tiempo de exposición a la televisión, computadora, celulares y videojuegos.

-Salir de la rutina. Frecuentar espacios abiertos como plazas, parques, ciclovías, hacer paseos de a pie o en bicicleta.

-Salir del sedentarismo, hacer actividades al aire libre, caminatas, practicar deportes abrigados pero motivados.

-Organizar programas con amigos, vecinos, abuelos o tíos para salir a tomar chocolate con churros ir al cine, o al teatro, visitar un parque o hacer una escapada a las sierras.

-Consensuar actividades, negociar propuestas, escuchar opiniones.

-Evitar imponer un exceso de actividades para llenar vacíos. Animarse a compartir espacios en silencio.

Por Rosana Guerra.

 

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