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Los estudiantes de la carrera de Medicina Prehospitalaria y Rescate, realizaron un módulo de Supervivencia los días 27 y 28 de agosto en la Reserva de Cerro Blanco, ubicada a unos 10 kilómetros en Tanti, en la provincia de Córdoba. En la jornada intensiva se abordaron temáticas vinculadas al aprendizaje e incorporación de herramientas para afrontar las seis prioridades básicas indispensables para mantenerse con vida; tener agua disponible para consumo humano, alimento, refugio, fuego, así como conocimientos básicos de primeros auxilios o mantenimiento de la salud y señalización o pedido de auxilio.

Eduardo Pablo Maggio, director e instructor de la Escuela Argentina de Supervivencia (EAS) Córdoba que tiene su sede operativa en la Reserva Cerro Blanco, señaló que la preparación básica del módulo de supervivencia les permitió a los profesionales de la salud aprender a enfrentar una emergencia, sabiendo cuáles son las prioridades a resolver ante una situación determinada. “Cuando nos sorprende un evento adverso, a veces las personas al sacarlas de un contexto conocido pueden sentirse impresionadas o shockeadas y no saber cómo actuar. Si uno no está entrenado, suele paralizarse o realizar acciones no tan necesarias y deja de hacer otras que si lo son”, advirtió.  El especialista destacó que es fundamental concientizar sobre las seis prioridades básicas para mantener la vida porque aumenta las posibilidades de supervivencia. “En el caso de los profesionales de la salud que se dedican a la atención de emergencias pre hospitalarias y rescates si no están entrenados para mantenerse ellos mismos, difícilmente puedan ayudar a otras personas. De allí la importancia de la preparación previa y la capacitación en primer módulo en supervivencia”, explicó el director del EAS Córdoba.

En la Especialidad en MPHyR está previsto la incorporación de aprendizajes para realizar rescates no solo en la vía pública, en domicilios particulares o en shopping (zonas urbanizadas), sino que pueden presentarse búsquedas y rescates en zonas rurales.  “Por eso es fundamental tener un conocimiento previo ya asimilado para realizar la atención pre hospitalaria en ambientes hostiles donde puede haber condiciones climáticas adversas o no disponer de las herramientas para orientarnos en sentido geográfico”, consideró Leo Piemonte, médico del servicio de emergencias 107 y docente de la Fundación S 3.

Alejandra Nucci, médica generalista que trabaja en el Centro de Salud N° 61 de Cerro Norte de la ciudad de Córdoba y que también es docente de la Fundación S 3, señaló la importancia de este tipo de preparación porque fortalece el trabajo en equipo.  “Es clave porque tanto en el pre grado como en las distintas especialidades de posgrado no se promueve el trabajo en equipo y el valor que tiene cada integrante del equipo de salud en una emergencia es fundamental”, advirtió.  Nucci subrayó la importancia de ser consciente de que todos somos parte del todo. “Además es fundamental trabajar en forma coordinada y sentir confianza en el equipo para conseguir los logros y apuntar a resultados positivos. Porque con el otro se puede llegar a lograr objetivos compartidos”, destacó.

Lo esencial de los nudos.

Entre los contenidos desarrollados en el primer módulo de supervivencia además de aprender a construir un refugio transitorio, a prender fuego utilizando un cuchillo, pilas, una virulana y un trozo de cable o a potabilizar el agua utilizando una botella de plástico, algodón, arena, carbón y piedras, se abordaron distintas técnicas para hacer nudos. “Aprender a hacerlos es una labor que se realiza sobre una cuerda para que cumpla una determinada función. Lo importante es saber que cualquier nudo no sirve para todo y también que no cualquier garabato es un nudo”, distinguió Maggio.

Las condiciones básicas que tienen que cumplir son que deben ser fáciles de hacer, que deben poder ajustarse, que deben ser fáciles de deshacer y que deben cumplir la función para lo cual fueron creados. Los nudos tienen distintas etapas: la de realización, un comienzo, un desarrollo, una terminación y un azoque.

“En el primer ejercicio aprendimos a hacer una serie de nudos que sirven para los rescates técnicos”, relató Eduardo Maggio. Son seis y tienen distintas funciones. Uno de ellos es el ballestrinque, un nudo de anclaje que permite fijar o hacer firme una cuerda en algún sitio que normalmente es de base cilíndrica redonda. “De ese mismo se desprende el constrictor, un nudo de las mismas características del anterior, pero que se ajusta más. Y luego está el utilizado para hacer las camillas precarias y de circunstancia, para transportar a alguien con una cuerda”, describió el docente de la Fundación S 3.

Los estudiantes de MPHyR practicaron el nudo cola de vaca que sirve para unir ese mismo nudo a las cuerdas y que permite pasar por instrumentos duros como un mosquetón o el ocho de descenso. Maggio agregó que este tipo de nudo es muy seguro. “Eso sí, debería estar bien peinado y tiene que ajustarse desde las cuatro partes para que esté bien terminado. Otro de los que practicamos fueron los nudos de guía que son de anclaje pues tienen la posibilidad de hacer una gasa en el extremo de un cabo, la cual puede fijarse alrededor de un árbol o de un elemento duro como un mosquetón o una argolla de descenso para hacer afirmar la cuerda a un punto fijo”, graficó Maggio. Este nudo tiene la capacidad de que su anatomía no permite que se ajuste por más tensión que se reciba, si recibe extrema tensión antes se cortará la cuerda. “No se azoca (no se ajusta), es muy versátil, es un as de guía, siempre tiene una solución en la manga”, aclaró. Maggio destacó que la soltura, la confianza y la seguridad en la forma de trabajar es sumamente importante pues le permite estar al resguardo al médico rescatista y así ayudar a otros. Por eso la prioridad es uno mismo en términos de rescate, para así estando seguro uno puede ayudar a los otros”, aseguró.

Actuar en otros contextos.

Julieta López Bialet, alumna de la Especialidad señaló que para ella fue muy importante la capacitación en supervivencia pues en la práctica cotidiana se vinculan permanentemente con situaciones adversas donde en la ciudad la mayoría de las veces existen recursos y las necesidades básicas generalmente están disponibles. “Este módulo de supervivencia me pareció muy útil no solo para brindar una correcta asistencia de las víctimas sino para preservar la salud y el bienestar de los rescatistas que pueden volverse también víctimas de una situación”, consideró. Bialet agregó que en un rescate en altura o en zonas inhóspitas, el rescatista puede quedar afectado en la situación de riesgo. “Por eso es fundamental reconocerlos y aprender cómo podemos proveernos las seis prioridades básicas, para luego poder asistir a las víctimas”, aseguró.

Rodrigo Villafañe, otro aspirante de la Especialidad agregó que fue importante aprender a trabajar en equipo y no solo en grupo. “Porque la claridad en la determinación de los logros es clave para llegar a un resultado. Es clave aprender a diferenciar los logros y los resultados en todo equipo de trabajo”, aclaró. A su turno, el doctor Daniel Sambueza, otro de los estudiantes, coincidió en la importancia de aprender a trabajar en equipo. “Buscamos encontrar logros comunes y no solo resultados. Aprendí que un buen líder debe saber las potencialidades y las limitaciones del equipo de trabajo. Lo ideal es rescatar a los demás y no que nosotros, nos transformemos en víctimas”, distinguió convencido. Por último Hernán Blanco, otro estudiante de la Especialidad en MPHyR sostuvo que en este módulo sirvió para comprender que el logro tiene que ver con el camino a recorrer más allá del resultado. “El logro comienza desde la preparación previa y está vinculado con la planificación de lo que se quiere lograr como equipo de trabajo, independientemente de que el resultado sea positivo o no”, sostuvo.

Aprender a sobrevivir en la montaña.

La Escuela Argentina de Supervivencia fue creada en 1987 por el profesor de educación física Mario Pereyra quien fue instructor de Supervivencia en la Escuela Naval Militar desde 1983 y desde 1992 además fue profesor titular de la Cátedra de Supervivencia en dicha institución.  En 1995 se crea la EAS Córdoba bajo la dirección de Eduardo Pablo Maggio, quien actualmente continúa desarrollando esta importante función social de educación y capacitación en supervivencia. El objetivo es difundir técnicas y recaudos a tener en cuenta para disfrutar de la naturaleza en forma segura, además de aprender a cómo actuar al tener que enfrentar una situación extrema. Los cursos están dirigidos a guías turísticos, profesores de educación física, profesionales, fuerzas operativas, dirigentes scouts, navegantes o particulares que busquen formación en supervivencia.

La base operativa de la Escuela está en Reserva Cerro Blanco un predio que cuenta con 376 hectáreas que integran una Reserva Privada Protegida, que surgió en 2008 a partir de la firma de un Convenio entre un particular y la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) para preservar este lugar desde el punto de vista ambiental.

La Reserva Cerro Blanco se encuentra ubicada en la eco región del chaco serrano y está en el faldeo oriental de las Sierras Grandes de Córdoba, entre el extremo norte de esta formación serrana, conocido como Macizo Los Gigantes y la localidad de Tanti, de la cual dista 10 kilómetros, circulando por la Ruta 28. El maravilloso Rio Yuspe que recorre la reserva constituye con sus quebradas, ollas, cascadas y playas el límite oeste de la reserva.

La reserva Cerro Blanco cuenta con una gran biodiversidad. Es una zona de ecotono entre el bosque serrano chaqueño y pastizal y romerillares de altura. “Hay algunos molles, morandillos, cocos, pastizales, romerillal, blanquillo, maitén y los tabaquillos. El único lugar del mundo donde pueden verse juntos está el maitén y los tabaquillos”, destacó Eduardo Maggio.  En lo referido a fauna pueden encontrarse más de cien especies de aves que habitan la reserva como rey del bosque, la gandurria boreal y el cóndor andino. Entre los mamíferos pueden mencionarse los zorros, pecaríes, pumas, gato montés,  lagarto overo, algunos ofidios como yayará, coral, culebras, y por supuesto cóndores, jotes. Y sobre el río Yuspe, el refugio está al lado del arroyo El Calabozo, hay nutrias o coipos y truchas sobre el Yuspe.

Cerro Blanco cuenta con dos senderos autoguiados, uno al Río Yuspe y otro al antiguo yacimiento de cuarzo “El Criollo”. También se puede hacer caminatas guiadas a diferentes destinos, avistaje de cóndores, cabalgatas, rapel, escalada o tirolesa siempre acompañado por guías especializados. Para quienes deseen pernoctar la reserva cuenta con cabañas, bungalows, habitaciones, refugio de montaña y camping. También se ofrece servicio de comida y su comedor de campo. Más información comunicarse con el teléfono (03548630411)   o al email edumaggio@yahoo.com.ar

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